Así parte el viaje, me despierto en la mañana con hora tarde, sin abrir los ojos, de fondo suena la misma canción y espero la parte que me gusta, esa donde suena el violín y TIN abro las ventanas de la casa. Bajo corriendo los escalones para abrir mi lugar favorito y descubrir que cosa no nueva hay para deleitar mi humilde paladar. El rumbo nunca lo sé bien, siempre se va modificando acorde a los vientos de mi cerebro. hay días que quiere subir a lo alto para mirar tu casa desde lejos y otros se apegan a la vereda y se devuelven por el mismo lugar. Cuando suena la canción favorita (la escuché una noche en un disco cerebral) le doy más vueltas al pedal para sentir que me despego del suelo y por atemporales segundo ser algo que se trae el viento para sus allás.
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