El pregón del mudo ensordeció mi voz, lo dijo mejor que yo: el mudo es mudo, el sordo es sordo y el ciego es ciego. Frente a una verdad irrefutable no existe queja posible, solo queda el eco que retumba en mi cabeza.... Dolorosa afirmación del mudo, yo quería hacerlo cantar y que el sordo escuchara la canción y que el ciego registrara ese momento con sus ojos. Tanta pretensiones me llevaron a ser el burro de San Vicente, pero a diferencia de él es que la carga si la siento.... Luego la tristeza en la puerta de mi casa, la dejé pasar en silencio ( efecto retardado otra vez ). Nadie aguante la carga sin descargarla en algún momento... Ahora sumida en este estanque otoñal con un puñal de verdad ajena y un puñado de verdades propias, es momento sin serlo. Yo no soy muda, ni sorda , ni ciega, ese es mi puñado y de él me apoyaré.
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