La Diosa de la trenza infinita ha llamado a su primera hija, le dijo que ya era hora sin serlo (nunca es hora para los que no mueren). Su cuerpo se estaba marchitando más rápido que su corazón. Lamento que no hayas podido ser perdonada por la Diosa quejumbrosa, pero algún día a esta misma hora el silencio dará paso al perdón que liberará a más de un alma.
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