Lloré tu partida sin estar presente en ella, no estuve en tu vida, pero tú sí en la mía. Te imagino contenta y cansada, con la guagua en brazos, cocinando cazuela de gallina... Siento tu presencia exigiendo su lugar en mis venas. Ayer por la noche recordé tu muerte relatada por mi muerto favorito y quise llorar... Volveré a llorar tu partida, esta vez no en los brazo de tu hijo muerto. Lloraré a modo de ofrenda por nuestro vínculo sagrado, por tu sabiduría de mujer antigua, porque decidiste ser parte de mi vida, por que tu presencia bendice mi existencia.-
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