Apareció una invitación a tomar té, pero no cualquier té, era un té con agua de tetera, hervido de verdad. No importa la procedencia del agua o el sabor de las hojas. Fíjate en la tetera,en su forma, hecha para contener el/al contenido, dispuesta a estar al fuego y sin salir lastimada, sin ponerse colorada. Cuando ya no lo tolera se poner a silbar para que vayan a su rescate. A ella no le importa lo que estés haciendo, si la buscaste para un agüita de hierbas o un café cargado de media tarde. Ella solo tiene una misión, endulzar y calentar de manera misteriosa el agua de tu té.
Recuerdo cuando compramos nuestra ultima tetera, fuimos los tres al centro y entramos a la tienda donde tenia tarjeta el lucho. Elegimos una color blanco con unas flores rosadas. Ella nos acompañó tantas tardes a la hora de la choca, en las mañanas imposibles para mi (nunca me gustó despertar)... que ganas de tomar un té de verdad y sentir la melodía chillona de una tetera...
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